Tejeda de Peñacorada








18/08/2017
Creo que he envejecido. No en lo exterior, en el interior.

Me he vuelto más sensiblero y en lo que va de año he sufrido mi segundo Stendhalazo.

A diferencia del día que sufrí el primero (mi primer Stendhalazo) me encontraba solo, en mitad del monte, cuando noté los primeros sítomas: mi ritmo cardíaco comenzó a elevarse, las manos me sudaban, la tierra bajo mis pies tomaba vida y notaba como se movía y una opresión en el pecho apenas me dejaba respirar.

Ante mis ojos se extendía la tejeda de Peñacorada y mi cuerpo no podía soportar esa visión sin inmutarse.

Hace unas semanas escuchaba un programa donde un individuo charlaba sobre lo avanzada que se encontraba la ciencia en el estudio de la inmortalidad. Pronto los hombres, gracias a los nuevos descubrimientos, seríamos inmortales. Joder pensé!!! y quién pagará la seguridad social a todos esos???? y que aburrido será tener que plantearse dentro de 200 años: dónde voy mañana????

Hoy ante la joven tejeda de Peñacorada quería ser inmortal.

Un joven bosque de tejos que se extiende por la falda norte de Peñacorad. Un rodal de jóvenes plantas con más de... difícil saber cuantos puede haber??? cuatrocientos, tal vez quinientos, que le convierten en el mayor tejedal de España y posiblemente de Europa.

Hoy quisiera ser inmortal, para dentro de 400, mejor 500 años volver a recorrer esta ladera y ver este impresionante bosque.

Stendhal relató a la salida de Santa Cruz : "me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme". Yo no podía caer, aún era preciso descender y recuperar la bici para continuar con el recorrido que me llevo esta mañana hasta el cruce de Sabero, después de haber sobrepasado Cistierna.

Aparco el coche nada más entrar en el desvío hacia Sta Olaja de la Varga y me dispongo a seguir con la bici. Por carretera entre túneles y pasos estrechos entre roquedos accedo a Ocejo de la Peña. Pueblo de montaña, incrustado entre peñascos donde finaliza la carretera.

Por pista voy subiendo y dejando la larga arista que desciende de la peña (el Campriondo) a mi derecha. Las pendientes se fuerzan con amplias curvas de herraduras antes de alcanzar la collada Ferreras, donde entro en el mundo de los bosques.

Nombres terribles como "El Valle del Hambre" para un territorio donde los robles se agolpan sin dejar el más mínimo claro, o donde duermen las ruinas de viejos monasterios como el de Santa María de Valles de Peñacorada, el Santuario de la Virgen de la Velilla o el románico montañes de San Martín de Valdetuejar.

Continuo mi descenso hasta el Santuario de la Velilla que aprovecha los días de verano para hacer reformas.

Sin miramientos la pista afronta la pendiente en busca de el alto de El Campurrial, el paso de entrada al valle de Fuentes y punto donde aparco la bici para ascender hacia la tejeda.

En la ladera norte y por encima del hayedo, se encuentra la tejeda. Cientos de árboles, no brotes, árboles, árboles, de diversos tamaños extendidos en una amplia superficie, que voy recorriendo, hasta que decido entrar en el hayedo en busca de un rodal de tejos dentro del bosque.

Un hayedo joven, con árboles muy apretados que dificultan su transito y donde me doy de bruces con los tejos.

De vuelta en el coche, las piernas me tiemblan y la respiración aún es entrecortada cuando suena mi móvil.

Martín me llama para informarme que en Estébanez de la Calzada hay un ibis eremita.

Joer!!! aún no me he recuperado de este shock y ya volvemos a Marear La Perdiz!!!!






Cambio en coche por la bici y comienzo a pedalear desde el desvío a Sta. Olaja de la Varga.






Sta. Olaja de la Varga
 Campriondo, la montaña que rodearé a lo largo de la mañana.
 Tierras con historia, como el Castillón de Sta. Olaja que visité no hace mucho con el amigo Kato.







Ocejo de la Peña. Final de carreta e incrustado entre peñas. Un lugar tranquilo donde el búho real ulula al atardecer.
 Ocejo de la Peña
 La pista atraviesa el estrecho donde muere la arista del Campriondo.


 La vistas hacia la cima han variado, el Campriondo nos muestra otra de sus caras.




 La cima de Pico Cerroso entre la niebla.
 Durante la subida una curva me permite ver la arista del Campriondo en casi su totalidad.
 Collada Ferreras (1.381 mts.)


 Peña Los Castros que recuerdos del duatlon de Mental.
 Sigo rodando y nueva cara del Campriondo.



La fuente desde donde he ascendido alguna que otra vez al Campriondo al paso de la ruta BTT que hoy sigo.


Y donde he realizado algunas reuniones de Konicos.
Ferreras del Puerto y el Espigüete emergiendo entre las brumas.
Todo el recorrido hasta La Mata de Monteagudo es por un robledal espeso.
Y entre la vegetación emergen dos macizos bien diferenciados, el de Peñacorada y el del Canto de la Valleja Niales.




La Mata de Monteagudo luce banderines de fiesta en sus calles.
Santuario de la Virgen de la Velilla. Hoy esta en obras y unos feos velos verdes lo protegen de nuestras miradas, como queriendo evitar que lo descubramos sus secretos no maquillados.


A los pies del santuario abre sus puertas un restaurante-hostal-cafetería que intentar darle vida al negocio durante todo el año.

Son las 11:00. La hora del café.
Un café que me de fuerzas para superar las rampas hacia el Campurrial, el collado que separa Peñacorada del macizo del Canto de la Valleja Niales y los valles del Tuejar del de Fuentes.


En el Campurrial. Punto intermedio en la marcada como ruta de las Legiones romanas que recorrimos  parte a la vuelta de un ascenso a Peñacorada.


Collado del El Campurrial. Desde este punto ya vemos la tejeda de Peñacorada en la ladera norte de esta montaña.
El valle de Fuentes.
Transito de la bici a las zapatillas. Queda remontar la ladera por encima de la zona de matorral y hayedo.


Las montañas de Ocejo. Un grupo de cimas de poca altura pero con formas muy variadas.
Los Moros, Peña Rionda, el Castillón de Fuentes, Pico Cerroso, Campriondo.
Por fin en la tejeda. Un cielo abigarrado de nubes me ha permitido subir con cierto relajo.
Ante mi la tejeda de Peñacorada. El momento del Stendhalazo. Los tejos son pequeños, pero con suficiente porte como para no considerarlos brotes (los que encontré hace unos días en el recinto de la tejeda de La Cervatina, donde tenía que tener mucho cuidado para no pisarlos).















Entro en el hayedo. Se que dentro de este bosque hay un rodal de tejos de gran porte, pero no se donde. Es un bosque joven, con ejemplares muy apretados y con bastante inclinación lo que dificulta el paso. 


Una vez dentro utilizo las trazadas de animales en un intento de recorrer el bosque en dirección oeste. Después de quince o veinte minutos descubro una sombra. Son los primeros tejos.
Entre el hayedo un grupo de catorce o quince tejos de mediano porte y de diez a doce metros de altura.








Hora de la parada para hacer unas fotos
















Abandono la tejeda. Retrocedo sobre mis pasos.

Hacia El Campurrial donde recupero la bici.
El hayedo en las inmediaciones de la pista.
Cerrando el circulo. Próximo al cruce de Sta. Olaja donde ha quedado el coche.
A la izquierda de Los Moros, el Pico Roscas.


Otras rutas por la zona:

Campriondo: El Duatlon

El Tejo de Borbonejo 








Pico Cerroso por el valle de Tejedo